Podemos pensar que el nacimiento de las tablets es relativamente reciente, pero esta idea no deja de ser equivocada, ya que éste lleva un largo recorrido a lo largo de la historia pero ha sido hasta nuestros días cuando ha cobrado un merecido protagonismo, gracias a grandes virtudes como la versatilidad, la movilidad y la capacidad de interactuar con el entorno.
Si bien es cierto que algunos detalles y funciones se diseñaron a lo largo del siglo pasado, e incluso del anterior; se suele reconocer la paternidad de este invento a Alan Kay, con su concepto del Dynabook presentado en 1968, que sentó las bases de los dispositivos que se desarrollarían a continuación; iniciando así una evolución paulatina en lo que a potencia, tamaño y posibilidades se refiere, con la aparición del Apple II y el GRIDpad de Samsung en los años 80; y el PocketPc, el Palm y el ThinkPad de IBM en los 90; que añadirían elementos como las conexiones a redes y el uso de pantallas táctiles.
Pero no fue hasta el año 2002 cuando este concepto comenzó a sernos más cercano, con la aparición en el mercado de varios dispositivos que, bajo la denominación de Tablet-Pc, integraban en los aparatos una versión del sistema operativo Windows, que ya dominaba el mercado de los ordenadores portátiles y de sobremesa; acercando estos dispositivos al público en general, aunque sin mucho éxito comercial.
En el año 2010, el mercado viviría una nueva revolución con la aparición del iPad de Apple; que lanzaría a estos dispositivos a un nuevo horizonte de consumo en el que los usuarios podían descargar tanto contenidos como nuevos programas, adaptándose así a sus necesidades y gustos, a lo cual había que añadir una interfaz táctil y funcional; sentando así unos nuevos estándares y triunfando, finalmente, en el mercado.
En la actualidad, las tablets se han convertido en un elemento más de nuestra vida cotidiana, con productos para todos los gustos, edades y bolsillos.







